28 sept. 2014

Razas de perros desaparecidas parte 1

El viejo perro de pelea Cordobes

1. El viejo perro de pelea Cordobes

Se originó en Córdoba (Argentina) en el siglo pasado. Era un animal extraordinario para el combate, de valor y resistencia tremendas para la lucha; morían peleando, no rehuían el encuentro jamás. Pero carecían de olfato y velocidad, además su ferocidad hacia sus congéneres los hacía inútiles para la caza.

La raza era tan agresiva hacia otros perros, que los machos y las hembras preferían más pelear entre ellos que aparearse. Esto, sumado a la cantidad de ejemplares que morían en las peleas de perros, llevó a su extinción. El viejo perro de pelea cordobés era capaz de cazar en pequeños grupos de machos y hembras, de lo contrario se volvían en contra de sus compañeros de caza.

Pero esta raza primitiva tenía en sí dos cualidades esenciales. Una excelente herencia ancestral: Mastín, Bull Terrier, Bulldog Inglés, Boxer; y una gran gimnasia funcional, ya que los rudos combates a los que eran sometidos de generación en generación, fueron acrecentando cada vez más su valentía original. A este perro, que era casi siempre blanco y algunos con manchas barcinas, se le fueron dando en distintas corrientes de sangre, para evitar la consanguinidad, el aporte de las distintas razas que darían como resultado el Dogo Argentino.

Perro Chiribaya

2. Perro Chiribaya

En la costa sur del Perú, una antropóloga y una documentalista hallaron los restos de lo que sería una raza de perro pastor de llamas que no solo fue parte importante de la estructura social de los antiguos peruanos, sino que recibió un trato especial después de su muerte.

Se trata del perro pastor peruano conocido por los arqueólogos como el "perro de Chiribaya", cultura que prosperó en la costa sur del Perú y que enterraba a sus mascotas con todos los honores de un fiel amigo y compañero de trabajo.

El hallazgo se debe a las investigaciones de la destacada antropóloga Sonia Guillén Oneglio, quien debe su fama al estudio de antiquísimas momias de personajes que organizaron prósperas culturas desde Chachapoyas hasta las costas de Moquegua.

Ermanno Manniero y la doctora Velásquez han examinado al milímetro las momias descubiertas por Sonia Guillén. No hay duda que se trata de un perro pastor originario del Perú.

Y es precisamente en la zona del puerto de Ilo donde se encuentra el centro de operaciones del Centro Mallqui –"momia", en quechua–, dedicado a la investigación de la denominada Cultura Chiribaya, un cacicazgo que existió en el periodo conocido como intermedio tardío (del año 900 hasta el 1350 de nuestra era), y cuyo territorio posee hasta nuestros días una característica que es el sueño de todo antropólogo: su suelo es extremadamente seco, contiene una ingente cantidad de sales minerales, y las lluvias son escasas, lo que potencia la conservación de los restos físicos de quienes habitaron este lugar.

Las momias descubiertas en esta zona se encuentran en tal estado de conservación que mantienen intactos sus órganos internos, desde los ojos, hasta los parásitos que se quedaron en los alimentos sin digerir. Pero la doctora Guillén nunca imaginó que sus excavaciones la llevarían a encontrar más de un treintena de restos de una raza de perro lanudo que fueron enterrados con todas las características del enterramiento de un homo sapiens. Esto demuestra que en el Antiguo Perú también existieron cementerios de perros, un detalle que solo se ve en las sociedades más prósperas del siglo XXI.

La doctora Guillén sostiene que la tumba de una persona refleja su posición social, política y religiosa dentro de la organización de los pueblos antiguos, y en el caso de estos perros las tumbas demostrarían que, habiendo cumplido una vida productiva dentro de la organización Chiribaya, recibieron buen trato, ya sea vivos o muertos.
Siguiendo el rastro

Martha Meier Miró Quesada, periodista, productora y documentalista, estuvo detrás de los hallazgos de la doctora Guillén desde hace más de diez años, pero debido a la rigurosidad del trabajo de la antropóloga, esta no permitió que sus hallazgos fueran dados a conocer hasta estar completamente segura de que no se trataba de hechos aislados.

Fue así como a comienzos de este año, que Meier Miró Quesada y su equipo de trabajo pudieron registrar en imágenes los hallazgos e investigaciones de Sonia Guillén, los cuales han quedado plasmados en el documental titulado "El Perro Pastor Chiribaya".

"A pesar de la inscripción oficial de la raza originaria del perro peruano sin pelo, aún muchos siguen pensando que los perros llegaron con los españoles. Y el hecho de encontrar otra variedad de perro nativo es un descubrimiento muy importante", dice la documentalista.

A diferencia del tan promocionado perro sin pelo, el perro pastor peruano o de Chiribaya no solo tenía abundante pelaje, sino también otras características propias de las mascotas favoritas de los peruanos del siglo XXI.

Ermanno Maniero, presidente del Kennel Club del Perú, y la médica veterinaria Viviana Fernández, de la Universidad de San Marcos, examinaron exhaustivamente las momias halladas y determinaron que estos canes tenían el cuerpo más largo que alto; que el color del pelaje podía variar entre el amarillo y el rojizo, algunos con manchas oscuras sobre el lomo o la cabeza, que tenían las orejas recortadas y caídas; y sus patas era tipo "liebre", es decir que permitían al animal moverse sobre la arena o la tierra con menos esfuerzo.

Y esta última cualidad quizá sea la que le dio la importancia dentro de la estructura de vida chiribaya.

Sonia Guillén y Martha Meier esperaron más de diez años para dar a conocer sus hallazgos. Telares y petroglifos dan cuenta de la actividad ganadera de los chiribayas, lo que apuntala la importancia del perro pastor en su sociedad.

Sonia Guillén dice que varios estudios, incluidos los suyos, han determinado que en la costa también se desarrolló la ganadería de camélidos. O sea, que estos animales no fueron exclusivos de las alturas.

En el caso de los chiribayas, ellos tuvieron una economía costera, con el uso de recursos marinos, también con agricultura, pero intensamente ganadera, y eso lo saben por las cabezas, patas y orejas de llama que han sido halladas como ofrendas recurrentes en los entierros chiribayas.

La antropóloga dice que según las investigaciones realizadas por la genetista Jane Wheeler, quien trabajó en el valle medio de Ilo, los chiribayas criaron un tipo de llama que tenía el pelo más largo y más fino que la mejor alpaca de nuestros tiempos, pero que estas fueron ignoradas por los conquistadores españoles, quienes las usaron como bestias de carga, provocando su exterminio, aunque dicen que es posible localizarlas aún en algunas zonas de la Argentina.

"Al tener tantas llamas, los chiribayas necesitaron perros para el pastoreo. Entonces, estos se convirtieron en compañeros de trabajo por lo que a su muerte recibieron los honores correspondientes", dice Guillén.

Bullenbeisser

3. Bullenbeisser

Bullenbeisser es una raza de perro extinta de origen alemán. Se considera la procreadora de grandes razas caninas y se conocen bajo el nombre de Generación Bullenbeisser.

Conocidos por ser buenos cazadores, fueron perros de tipo moloso de pelaje corto y color atigrado; su cabeza presentaba prognatismo, poseían gran musculatura y una mandíbula ancha y fuerte para morder. Su crianza antes estaba controlada por los cazadores.

Perro Polar Argentino

4. Perro Polar Argentino

El perro polar argentino (PPA) es una raza canina extinta, desarrollada por el Ejército Argentino para equipar sus bases antárticas en funciones de transporte. El PPA fue un cruce de Husky Siberiano, Alaskan Malamute, Groenlandés y Spitz Manchuriano. Se extinguió en 1994 como consecuencia de su repatriación al continente en cumplimiento de la normativa del Tratado Antártico de Protección del Ambiente (TAPMA).

El Perro Indio o La Liebre

5. El Perro Indio o La Liebre

Era un raza de perro originaria del norte de Canadá y criado originalmente por los indios “Hace” como un perro que caza . Fue criado para la velocidad, siendo muy similar a un coyote , pero poco a poco perdió su utilidad al disminuir la caza. La raza fue perdiendo su identidad a través de cruzamientos con otros perros hasta desaparecer en el siglo XIX.

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